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lunes, 24 de julio de 2017

Lucía Galán y el batallón 601

(Un oportuno extracto del libro) En julio de 1981, un hombre llegó a la redacción (de la revista Humor) que desde el mes anterior ocupaba todo el edificio de cuatro pisos de Salta 258, comprado por la editorial. El visitante pidió por Cascioli. Vestía de civil, pero se presentó como capitán de la Armada. El director había armado su espacio en el último piso del edificio, con más lugar para el tablero y un escritorio para su secretaria Nora Bonis, que le anunció: -Andrés, abajo hay un tipo que dice que es de la Marina y quiere verte a solas. -Bueno, que suba. Ni bien se acomodaron, el visitante sacó un arma que llevaba en la cintura y la apoyó en el escritorio. -Perdone, pero me molesta cuando me siento... -No hay problema. Usted dirá... -Bueno, veo que en el último número se burlan del aviso de la Armada Argentina donde canta una "nena insoportable"... -Ajá... -Ese aviso lo produje yo... que soy capitán de la Armada, bueno, en realidad trabajo en la parte de Inteligencia… -No diga... -El guión también es mío y el tema Su más valiente marinero lo hice yo y lo registré en Sadaic... -¿Entonces?... -Espere. Y la niña que lo canta es mi hija Lucrecia. -Bueno, ¿a qué viene todo esto? -No es ese solo el motivo por el que vengo a verlo. También dijeron que los del dúo Pimpinela no son hermanos... -Sí. -Yo soy el representante. Ellos sí nacieron en España. Y son hermanos. -Aja... ¿Entonces? -Yo estoy en la discográfica Columbia y es la primera vez que me pasa... -¿Entonces? -Quiero que se retracten o pidan disculpas y que hablen bien de ellos. Mire que esto se puede solucionar de otra manera... -¿Me está amenazando? Lo único que puedo ofrecerle es que usted escriba una aclaración y se la publicamos en el correo de lectores. -Mmm… de acuerdo. La carta se publicó y Alberto Gerardo Luna pareció quedar conforme. Sin embargo, tres días después de que el número 66 estuvo en la calle, lo llamó a Cascioli porque quería invitarlo a almorzar. "Lo paso a buscar en un rato". No hubo forma de decirle que no. El Tano se hizo acompañar por Garayoa, quien de casualidad estaba en la redacción. Cuando bajaron los esperaba Luna en un automóvil en cuyo asiento trasero había una joven que indicó el lugar a donde irían: una parrilla tradicional en la calle Suipacha. En el camino se desviaron para pasar por la esquina de Viamonte y Callao. "Acá trabajo yo", se ufanó Luna luego de señalar el edificio donde funcionaba el Batallón de Inteligencia 601. La joven tan parecida a Lucía Galán no volvió a abrir la boca mientras miraba por la ventanilla trasera.

martes, 29 de noviembre de 2016

lunes, 25 de julio de 2016

Perdón el oportunismo

Voy a llevar agua para mi molino. La pseudo e increíble polémica que en pleno siglo XXI tiene en el ojo de la tormenta a Marcelo Hugo Tinelli por la gran imitación del presidente Mauricio Macri que hace Freddy Villarreal en Gran Cuñado me recuerda que el animador televisivo tuvo hace 22 años otra increíble (pero no pseudo) polémica atravesada por la ironía, la sátira o como quieran llamarlo. Ahora, ante el repudiable ataque que sufre en las redes sociales por lo de Macri -con la más repudiable sospecha de que esté el Pro detrás de las pirañas virtuales-, Tinelli escribió: "Cuando las noticias lastiman, el humor sana. Nosotros hacemos humor para que las noticias lastimen menos. Les digo a los intolerantes que aunque nosotros no hagamos humor, las noticias van a seguir ahí. Tienen que cambiar las noticias, no el humor". En 1994 Tinelli tal vez no pensaba lo mismo sobre los límites del humor cuando el creador y fundador de la revista Humor, Andrés Cascioli, lo caricaturizó en esta tapa.
Era por el incipiente auge de las cámaras ocultas a indefensos, incluso jubilados, y de las risotadas burdas que a partir de eso se generaban. Tinelli se sintió ofendido y mandó carta documento a la editorial con amenaza de juicio. Ganó una retractación de Cascioli que se publicó en el número 478 en un recuadro titulado "Me pasé de revoluciones" que decía: "En el número 424 de Humor dibujé en la portada a Marcelo Tinelli castigando en broma a una viejita (Norma Plá) como habitualmente, en broma, hacía en su programa. Pero... se me fue la mano -o el pincel- y lo vestí con pilchas y emblemas nazis. Me equivoqué porque comprobé que Tinelli está lejos de esa ideología y además empilcha con marcas de primer nivel como corresponde a los top de nuestra farándula". No fue Tinelli, por cierto, el único que se sintió ofendido por las caricaturas de Cascioli y compañía y en esa troupe de intolerantes al humor entran desde Albano Harguindeguy, José Alfredo Martínez de Hoz, Florencia Peña y el paladín de cierto periodismo Bernardo Neustadt. Peña y Neustadt también querellaron a la publicación en plena democracia, que dicho sea de paso fue peor época judicial que la mismísima dictadura militar.

sábado, 16 de julio de 2016

Adiós maestro

Carlos Nine detestaba la revista Humor. Lo supe después de escribirle un mensaje para contactarlo a través de la web. Debí haberlo notado porque en la biografía de la página no figura esa publicación de Ediciones de la Urraca, ni El Péndulo, ni Humi, ni SexHumor, ni El Periodista, pero sí la Fierro. En todas y en más había puesto talento.
Tener el testimonio de Nine era muy relevante porque además de ilustrar las crónicas del Angel gris que firmaba Alejandro Dolina había sido, a partir de junio de 1984, el encargado de ilustrar la tapa de Humor durante los primeros años del alfonsinismo, una tarea hasta entonces reservada casi con exclusividad a Andrés Cascioli -fundador de la revista y de la editorial- y Sergio Izquierdo Brown. Cascioli ya había muerto e Izquierdo Brown declinó darme el testimonio ya ni recuerdo por qué, pero tal vez porque no me conocía e ignoraba mis intenciones.
La respuesta de Nine a mi mensaje fue unas horas más tarde: "Hola Diego, ando muy escaso de tiempo y mi opinión sobre la publicación no coincide con la historia oficial que se fue edificando sobre este tema. O sea que te agradezco pero declino el ofrecimiento. suerte en la tarea".
Era noviembre de 2011 y yo empezaba a investigar la historia de la Humor. En aquellas primeras indagaciones a tientas me topé rápido con las primeras sorpresas de encontrar voces que horadaban el mito alrededor de la revista. La mayoría de los que consultaba quería hablar de Humor pero no de Cascioli.
Entonces le contesté que por el tiempo no había apuro, pero me interesaba el disenso porque tener el aporte de múltiples miradas y opiniones enriquecería mi investigación. "Así que se si cambia de opinión, tiene hueco en las próximas semanas y puede recibirme, lo apreciaré muchísimo. Saludos". Me contestó enseguida que lo dejáramos para comienzos del año siguiente.
En enero, cuando retomé el contacto siempre vía correo electrónico, volvió a disculparse por la demora en responder, y me soltó: "el problema es la falta de tiempo; por eso creo que se puede resolver telefónicamente; porque uno va a la grano y habla directamente de la cuestión. En todo caso lo hacés en dos conversaciones, las grabas y listo el pollo. Estoy preparando materiales para una expo en Francia y terminando dos libros. Como comprenderás esto es para mi más importante en cuanto a la inversión de mi tiempo, que recordar a la detestable revista "Humor" donde la pasé tan mal".
Le insistí en una entrevista presencial pero no hubo caso. Era por teléfono o no era. Claro, mi impertinencia no me permitía darme cuenta que para Nine Humor era apenas una revista más en la que había participado y que él para entonces (2011) era un artista de una trayectoria que acá no era muy conocida, pero más allá de Ezeiza -en especial en Francia e Italia- alcanzaba relieves trascendentales. De nuevo, hay que repasar la biografía de la web para ver la cantidad de grandes medios donde publicó, las exposiciones en Europa, libros publicados, galerías, que acá tuvieron nula o escasa repercusión.
Ahora, conmocionado por su muerte, encuentro que había ilustrado en enero una nota en la revista Anfibia y que allí, en esta pequeña bio, rechazaba ser considerado artista y se declaraba un trabajador. La Biblioteca Nacional acaba de lanzar un concurso de historieta en su homenaje.
En YouTube hay varias notas que le hicieron, varios programas que le dedicaron. Espero que la prensa gráfica lo honre como se merece, como artista, como trabajador, como lo merezca. Como lo merece.

La noticia en Le Monde y en Italia.
Gran nota de Andrés Valenzuela en Página 12 La despedida de Sasturain

miércoles, 28 de octubre de 2015

Vuelve SexHumor

La revista SexHumor volverá a salir en papel a fines del próximo noviembre de la mano de algunas figuras ligadas a la historia de la publicación y nuevos talentos. El aporte monetario será de Carlos Blotta, hermano de Oskar, amigo y socio en Satiricón de Andrés Cascioli, cuya marca le cedió en 2003. La publicación, que tendrá un logo distinto al tradicional, será dirigida por Jorge Barale e intentará seducir con un "one shot". "Si se vende, sigue; sino, no se hará otra", explica Barale. Entre quienes serán de la partida figuran históricos de la revista como Ana von Rebeur, Tabaré, Brenda Fabregat -la hija d Aquiles-, y nuevos talentos como Pepe Angonoa y Enrique Pilozo. "Es una edición de reclutamiento para ver donde se han metido los humoristas", agrega Barale y razón no le falta, frente a kioscos de revistas y diarios famélicos de humor gráfico. La SexHumor surgió en 1984, cuando se produjo el denominado destape, de la mano de los primeros pasos de la reconstrucción democrática. Cascioli, mentor de Ediciones de la Urraca y de, entre otras revistas Humor, notó que recibía muchos chistes de corte sexual y le encargó bocetar una publicación a Pablo Colazo -actual e histórico director de la revista Genios-, quien convocó a Juan Carlos Muñiz, Héctor García Blanco y algunos dibujantes y diseñadores. No hubo estudios de mercado. Solo la intuición enorme de Cascioli. Las ventas del SexHumor fueron un éxito y en poco tiempo la revista comenzó a ser quincenal como Humor, tanto que ambas vendían lo mismo. SexHumor tuvo una presentación en el Centro Cultural General San Martín. Allí estaba Colazo, Fabregat (que le imprimió el cuidado por el buen uso del lenguaje) y algunos dibujantes como Jorge Sanzol, Raúl Fortín, Jorge Meiji Meijide, Miguel Rep Repiso y Maicas, creador de la tira "Yironside" sobre una prostituta que trabaja en silla de ruedas. A la hora de las preguntas del público, un lector se paró y lo increpó: -¿Usted hace "Yironside"? -Sí. -Yo pensaba que esa tira la hacía o un discapacitado o un hijo de puta... -Maicas es las dos cosas, se apuró a contestar a Rep (Maicas tiene una discapacidad en una pierna que lo obliga a llevar bastón). La revista compartió el declive de la nave insignia (Humor), hasta que ambas cerraron a mediados de octubre de 1999 por la quiebra de la editorial.

viernes, 24 de abril de 2015

Alfredo

Podría caer en lugares comunes y escribir: "La muerte duele más cuando se va una buena persona". O los artistas nunca se van porque siempre reviven cuando te encontras con su obra. También podría caer en otro clásico remanido del periodismo vernáculo y ejercer el autoreferencialismo. Revelar cómo lo contacté para el libro, de la desconfianza inical y de la generosidad posterior y de su pedido de acortar formalismos: "No me trates de Usted. Entre periodistas y dibujantes hay una convención: somos todos iguales, aunque algunos, por desgracia, hayan nacido antes". Nos comunicamos por correo electrónico siempre y el último intercambio fue el 11 de diciembre de 2013 cuando me escribió para contarme que Papá Noel le había regalado mi libro. Quienes eran amigos y compartieron trabajos con él lo recuerdan con mayor justicia y sin lugares comunes en Internet, como este hermoso texto de Marcelo Lacanna. Ayer cuando me enteré que había fallecido no tuve reflejos ni lucidez para ensayar una despedida. Me emocionó ver que al margen de colegas había muchos lectores de Satiricón, Humor, Humi, Superhumor y SexHumor que recordaban con afecto los trabajos que desplegó en esa y otras publicaciones. Me ilusioné con que el periodismo gráfico le diera unas honras a la altura de lo que merece pero hoy que veo que no fue así. Y se me aparece una frase que otro maestro como Menchi Sábat me dijo en la investigación del libro al referirse a Andrés Cascioli: "La sociedad es muy injusta. Debería ser más solidaria con los esfuerzos, con la tenacidad y con la trayectoria de Cascioli". Supongo que estas palabras bien podrían aplicarse hoy a Alfredo Grondona White.

martes, 24 de junio de 2014

Andrés

Un día como hoy, pero de 2009, fallecía Andrés Cascioli, tal vez el último gran editor gráfico que tuvo la Argentina, responsable de títulos como Satiricón, Chaupinela, Humor, Super Humor, Humi, Sex Humor, Fierro, El Periodista y tantos otros. Allí desplegó el gran talento que tenía como dibujante, ilustrador, creativo publicitario, caricaturista y, sobre todo, director técnico para detectar y sumar a los distintos proyectos a pares o mejores como él, y, por supuesto, muchos novatos.
Cuando encaré la escritura del libro sobre la historia de la revista decidí que el comienzo tenía que ser el velatorio que transcurrió dos días después y duró apenas cinco horas para presentar a los personajes que se mencionarían en los capítulos siguientes, pero además porque para muchos la muerte de Cascioli fue el cierre de una etapa: ya sin él no habría posibilidad de volver a juntar en un misma publicación a baluartes del plumín y el periodismo gráfico.
La muerte el 25 de junio de Michael Jackson y la actriz Farrah Fawcett Major tapó la despedida a un hombre que con sus luces y sus sombras hizo muchísimo por el periodismo argentino.
Aquí pueden leer ese primer capítulo.

jueves, 12 de junio de 2014

Humor y los Mundiales

Hay muchos abordajes posibles para contar la historia de la revista Humor. Se analizaron bastante –en especial en el ámbito académico- los cinco años bajo el yugo de la dictadura. Pero también se podría narrar a partir de la evolución e involución del humor gráfico o de las famosas tapas; de la relación que hubo con los lectores o explicar el sinuoso recorrido de las ventas. También claro sería posible trazar etapas con cada Mundial de fútbol que se disputó a lo largo de los 21 años en los que la revista llegó a los kioscos. No sería forzado hacerlo porque la revista salió en la Argentina cuando comenzaba el Mundial del 78 e imperaba el terrorismo de estado. Aquel debut vendió alrededor de 22.000 ejemplares de los 25.000 impresos. Cuando cuatro años después se jugó el de España y la guerra de Malvinas tenía las últimas batallas, la publicación de Ediciones de la Urraca había crecido tanto que promediaba los 150 mil ejemplares (ya auditados por el IVC) y para el verano siguiente llegaría a los famosos 330 mil luego del número 97. Pero en el de México 86 estaba Raúl Alfonsín, con quien la revista tuvo una relación ambigua, y la circulación se había desplomado por debajo de los 90 mil y sería de 50 mil ejemplares para el de Italia 90, con Carlos Menem en la Casa Rosada y responsable de medidas económicas hacían mella en empresas como la de Andrés Cascioli. Cuando llegó el de Estados Unidos 1994, la revista comenzaba a ser la sombra de lo que había sido: sólo vendía 18.439 ejemplares. En el de Francia 1998, ni siquiera eso. Un año después dejaba de editarse.

martes, 28 de enero de 2014

A propósito del regreso de Joan Báez a la Argentina

Joan Báez volverá a la Argentina en marzo y es una buena excusa para recordar esta anécdota que ella protagonizó en 1981 con Mona Moncalvillo y la revista Humor, porque resulta una muestra clara de cómo cierta gente y publicaciones se la jugaban aun con la represión imperante.
Para esa fecha, la periodista ya había consolidado la sección de entrevistas dándoles espacio a personajes de la cultura y la política prohibidos por los militares en el poder. Los nombres los barajaba con Andrés Cascioli y Tomás Sanz y se trataba de gente silenciada en la Argentina o el mundo, como Báez o Joan Manuel Serrat.
La revista ya era masiva, con una venta promedio de 130 mil ejemplares, que le permitía sumarse o realizar acciones de resistencia cultural como apoyar Teatro Abierto u organizar un festival musical para contrarrestar la visita de Frank Sinatra.
El día de la entrevista un llamado interrumpió el desayuno de Mona. Era Adolfo Pérez Esquivel, titular de SERPAJ, un organismo clave en la lucha por los derechos humanos en aquella época y uno de los responsables de que Báez estuviera en Buenos Aires.
–Buen día, Mona, soy Adolfo....
–Hola, Adolfo, buen día, ¿qué contás?.
–Mirá, viene complicado el tema con Joan....
–¿Qué pasó?.
–Nos han avisado que colocaron una bomba en Paz y Justicia. Está todo cercado. Hay carros de asalto sobre México y....
–Ajá, ¿y Joan está ahí?.
–Sí..
–Bueno, voy para allá....
–Está peligroso, Mona....
–Lo vamos a hacer igual...
Cuando llegó al SERPAJ el panorama no había mejorado. La zona estaba vallada, había carros de asaltos, camión de explosivos, periodistas y fotógrafos. Armada con su grabador enorme y el fotógrafo Luis Sasso, Mona rescató a Báez del edificio y ante la mira de todos encararon un bar donde pudieron hacer la nota.
La entrevista se editó enseguida –número 60- con un copete que de arranque advertía de lo "underground" de la visita y que ningún productor había querido armar un show de la cantante que unos años antes había llenado dos Luna Park, donde casualmente cantaría Sinatra.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Humor y la democracia

No se si alguien recordó ayer a la revista Humor, en el amargo día en el que se celebraron los 30 años de democracia.
Si observé temprano que el diario Buenos Aires Herald tenía una hermosa tapa referida al aniversario y que escribía Robert Cox, aquel director valiente y digno del matutino escrito inglés que en los años de la dictadura se jugó para denunciar desapariciones y publicar habeas corpus.
El Herald y Humor fueron de los pocos medios que alzaron la voz contra la represión política y cultural. Podríamos agregar El Porteño, Medios & Comunicación, Nueva Sión y no muchos más. No fue poco lo que hicieron contra la dictadura y para exigir el retorno de la democracia.
Sólo el Herald aún cuelga de los kioscos.
A partir de la salida del libro, muchos me preguntan si Humor podría estar en la calle. Algunos la añoran, tal vez porque gustan del pasado o porque en el esplendor de la revista las cosas estaban más claras que ahora.
La revista no duró sólo los cinco años que resistió la dictadura (78-83). Siguió 16 años más. Hasta una semana antes de que la Alianza ganara las elecciones de octubre de 1999.
Pero en democracia las ventas se vinieron a pique y y ya al final tenía una circulación más baja que en 1978. Y con eso todas las finanzas ya dañadas se resintieron. Y con esa economía delicada había que afrontar honorarios y costas de los juicios por calumnias e injurias (de por ejemplo Eduardo Menem, María Julia Alsogaray, Florencia Peña, Bernardo Neustadt, José Luis Chilavert, Marcelo Tinelli).
Humor no podría estar hoy en la calle porque con Andrés Cascioli murió en 2009 uno de los pocos editores que era capaz de reunir a gran parte de los talentosos dibujantes e ilustradores que tiene la Argentina. Pero él sabía que ya no había espacio para una revista de humor. Lo había intentado en 2002 con El Cacerolazo, un proyecto de Editorial Perfil donde no pudo tener todo el staff que él quería y tuvo que conformarse con periodistas castigados por Jorge Fontevecchia.
Imaginemos a Humor en la calle: ¿sería oficialista u opositora? La respuesta es más abierta todavía si se observa que a la revista Barcelona -que dicho sea de paso tiene una circulación bajísima- la pueden tachar de ambas cosas por una misma tapa. Además recordemos que la tacharon de oficialista bajo el gobierno de Alfonsín.
¿Qué haría Humor para competir con las redes sociales o la tinellización del humor que abarca a todos los medios de comunicación? ¿Cómo conquistaría lectores en los kioscos de revistas abarrotados de publicaciones para mujeres, sobre mujeres, de mujeres o con mujeres? ¿Cómo haría, en definitiva, para hacer productos de calidad como gustaba Cascioli, en un mercado deprimido y pauperizado por editores que prefieren bajar fotos de Internet a comprarlas o contratar reporteros y montar redacciones virtuales?
Pero volvamos a la democracia. Una de las cuestiones que no me canso de repetir es que nunca se terminará de dimensionar lo que hicieron Humor, el Herald y El Porteño en la dictadura.
Una de las primeras devoluciones que tuve del libro fue de un colega y amigo que se sorprendía de las cosas que los tipos escribían en aquellos años. Cosa como este editorial que adjunto -del número 94, noviembre de 1982- y que son apenas un botón de muestra de esta publicación que dio testimonio cuando la libertad de prensa y expresión sí estaban jaqueadas.

jueves, 14 de noviembre de 2013

La revista Humor, los límites y la banalización del Holocausto

El número 21 de la revista Humor Registrado que llegó a los kioscos en octubre de 1979 marcaba el debut de Mona Moncalvillo, pero también incluyeron una doble página que representan un hito en la historia de la publicación. Se trata de siete chistes sobre el Holocausto firmados por Catón, el seudónimo de Raúl Antonio Bonato.
El dibujante tenía entonces 46 años y ya ostentaba unos 20 en el oficio del plumín, que permitió publicar allí y en publicaciones como Tía Vicenta, Adán (Editorial Abril), Billiken (Editorial Atlántida), Satirik, Media Suela, Rico Tipo, Caras y Caretas y en el diario La Prensa", donde creó El hombre del portafolios, según el blog de Siulnas.
La producción de Catón generó una andanada de críticas que se reflejaron en el propio correo de lectores durante los tres números siguientes y las encabezaba la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas, para la que no se trataba de una "humillante explosión de odio antisemita".
Una explicación desde la revista sin firma y en el mismo espacio decía: "Pensamos –y lo hemos dicho más de una vez- que el humor no debe tener otras barreras que las normales en cualquier forma de expresión escrita, o sea las morales y estéticas. Pensamos que el humor no debe temer ni soslayar la muerte, no debe ocultar las miserias y las tragedias humanas, no debe retroceder ante los temas ‘espinosos'. Sabemos que el humor casi invariablemente es una forma de crítica, constructiva como pocas. Y que su calidad depende de la calidad de quienes lo practican, pero nunca de los terrenos que invade. [...] Hacer un chiste sobre la bomba atómica, no implica mofarse de los trescientos mil muertos de Hiroshima". También se subrayaba que las dos páginas "no eran otra cosa que una flagrante crítica al nazismo y sus métodos genocidas".
En enero de 1987 y en el periódico Nueva Presencia -un órgano de la comunidad judía editado por Herman Schiller entre 1977 y 1993-, el propio Andrés Cascioli admitió en un reportaje de Gerardo Yomal que la producción había sido uno de los "errores que se cometen en todos lados. La intención fue buenísima. La cosa empezó cuando en televisión los militares prohibieron dar la miniserie 'Holocausto' y nosotros decidimos tocar el tema. No se nos ocurrió nada por acá, entonces decidí encargarle al dibujante Catón que hiciera algo sobre el tema bien duro contra los nazis apoyando la posibilidad de que se dé 'Holocausto' en la Argentina. Y publicamos los chistes... pero salió todo al revés. Se sintieron muy molestas las entidades judías. Pero si los organismos judíos agarran 'Humor' desde el primer número y lo siguen se van a dar cuenta de que es una publicación (donde) tienen gente amiga. La nuestra es una editorial decididamente antifacista y antinazista. Creo que ese fue un error: duró bastante tiempo, publicamos cartas a favor y en contra y el tema se trató creo que bien".
En el ámbito académico hay varias tesis que abordan la historia de la revista Humor acotada al período dictatorial y en especial, el trabajo de Mara Burkart analiza el contenido de estos chistes y la reacción que provocaron.
Está claro que los chistes de Catón fueron un hito en relación a los límites para hacer humor en la revista de Ediciones de la Urraca, pero lo que muchos entienden como la banalización del holocausto y los nazis siempre fue, es y será materia de controversia y debate.

domingo, 10 de noviembre de 2013

Aquiles

Cuenta la leyenda -casi todo lo que gira alrededor de la revista Humor tiene visos mitológicos- que en los negrísimos días dictatoriales, con mayor precisión los del año mundialista en el que César Menotti condujo la selección que levantó la copa, Aquiles Fabregat visitaba el estudio de Andrés Cascioli en Piedras y Venezuela engominado y con ese vozarrón tan uruguayo que lo emparentaba con Alfredo Zitarrosa. Además de saludar buscaba insistir, convencer al Tano, de volver al ruedo con una revista de humor.
No era que Cascioli no quisiera. Es que no tenían plata.
Fabregat había debutado a los 19 años en el periodismo uruguayo (había nacido en Montevideo en 1938); y también había alternado con el palo de la publicidad y ya en Buenos Aires, (desde 1974) había trabajado en Mengano, un remedo de Satiricón realizado por la editorial de Julio Korn; El Ratón de Occidente, un proyecto fugaz de Oskar Blotta y en una de las etapas de Tía Vicenta de Landrú.
Pero el dinero apareció y Fabregat se sumó al equipo que en junio del 78 armó esa revista que llegó a los kioscos hasta fines del 78 una vez por mes, desde enero del 79 cada 15 días y años más tarde cada siete, hasta que se discontinuó en octubre de 1999.
La angelada historia de Humor no cuenta por qué Fabregat dejó antes de aquel final la revista (con mayor precisión en 1994) y no abunda demasiado en lo que aportó él a la publicación y otras de Ediciones de la Urraca. Pues Fabregat fue secretario de redacción de Humor, co director de sex Humor y responsable de infinidad de piezas clásicas en ambas publicaciones como la saga del Eustaquio -posible gracias al gran conocimiento que el uruguayo tenía del español- o el cacique Paja Brava, entre tantísimos otros. Pero sobre todo fue uno de los tres pilares de esas revistas emblemáticas junto a Cascioli y Tomás Sanz.
Hoy se cumplen tres años de la partida física de Aquiles.
Que mejor homenaje que el retrato escrito el día posterior al que nos dejó por uno de sus mejores legados.
La nota que ilustra este post es de Radiolandia 2000 a los hacedores de la revista en 1981 (Fabre, al medio, cigarrillo en mano, flanqueado por Cascioli y el gran Alfredo Grondona White).

jueves, 31 de octubre de 2013

Treinta años después

No hubo número ni cobertura especial de la revista por el triunfo de Raúl Alfonsín aquel domingo 30 de octubre de 1983.
El resultado de las elecciones, sin embargo, puso a la publicación en una bisagra que se acentuaría más con la asunción del radical, la apertura democrática y el destape de la prensa.
La nave insignia de Ediciones de la Urraca y la Casa Rosada tuvieron desde el sábado 10 de diciembre una relación cambiante y sinuosa pero desde afuera era para muchos de simpatía y hasta oficialismo -no con el grado obsceno que muestran hoy algunos diarios y revistas-.
No ayudaron que ciertos colaboradores de Humor pasaran a asesorar con el gobierno como Pacho O'Donnell (sí, el mismo); Aída Bortnik y Luis Gregorich, por citar los más notorios.
En gran parte de esos casi seis años de mandato alfonsinista, esa tapa emblemática que había estado a cargo de Andrés Cascioli y Sergio Izquierdo Brown, comenzó a ser dibujada por Carlos Nine, de declarada simpatía peronista.
En esta imagen la renuncia de Gregorich -guionista de La República Perdida y luego miembro de Eudeba- publicada en el número 117 de la revista, un hecho inédito en la historia de la públicación -no hubo muchas más comunicaciones de alejamientos- y también en la prensa gráfica.

jueves, 17 de octubre de 2013

Historia de una foto

Diciembre de 1979, la revista Humor ya llevaba 18 meses en los kioscos, había dejado de ser mensual un año antes y tenía una frecuencia quincenal. Era un producto instalado. Consolidado. En las páginas ya se respiraba el aire de libertad que no existía en otros medios de comunicación, censurados y autocensurados. En la tapa de la primera quincena, el 24, aparecía por primera vez una caricatura del dictador Jorge Rafael Videla -y de una figura castrense-. Estaba en traje de baño sumergido en el mar y atacado por las pirañas de la importación. Hasta entonces el blanco predilecto de las críticas al gobierno había sido el ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz.
El número siguiente, último del año, y a modo de parodia a la producción clásica del semanario Gente de los personajes del año, el staff al mando de Cascioli decidió autohomenajearse y posó para la foto. Lo hicieron como una familia. En parte ya lo eran. La imagen, que se realizó en el estudio del fotógrafo Eduardo Grossman, tuvo algunas ausencias. La más llamativa es la de Tomás Sanz, quien deliberadamente llegó tarde para no aparecer. Pero también colaboradores habituales y prolíficos como Tabaré Gómez Laborde, Jaime Poniachik, y los que vivían fuera de Buenos Aires como Roberto Fontanarrosa, Crist, Peiró o Pablo Colazo.
Parados de izquierda a derecha están: Raúl Catón Bonato (que venía de protagonizar la "polémica del Holocausto"); Carlos Pérez Larrea; Tacho, Marcelo Lawry Lawryczenko, Hugo Paredero, Nora Grinberg (Bonis), Jorge Limura, Alfredo Grondona White, Alejandro Dolina, Blanco, Sergio Pérez Fernández, Ariel Turiansky, Rafael, Laura Porcel de Peralta, Miguel Rep Repiso y Jorge Meiji Meijidi con su hija mayor. Sentados en el centro Mona Moncalvillo, Cascioli, Gloria Guerrero, Aquiles Fabregat y Myriam Varela. En el piso, Luis Fati Scafati, Sergio Izquierdo Brown, Néstor Ibañez, Rupérez, Fabián Di Matteo y Eduardo Mileo. Por gentileza de Eduardo Grossman la imagen fue incluida en el libro y también en la contratapa.

martes, 15 de octubre de 2013

77

Un día como hoy, pero de 1936, nacía Andrés Luis Cascioli, en la zona sur del Gran Buenos Aires, con mayor precisión en Sarandí, partido de Avellaneda, primogenito de dos inmigrantes italianos. Pero octubre registra otros hitos en la vida del Tano: el 19 de octubre de 1999 llegó por última vez al kiosco la revista Humor.
Aquí, el sitio oficial del dibujante.

martes, 10 de septiembre de 2013

El rock argento y humor

La relación entre Humor y el rock argentino fue intensa de comienzo a fin. No sólo por las páginas de Gloria, donde desfilaron los protagonistas de gran parte de la prolífica movida musical de fines de los 70 y los 80, sino por algunos empleados de la revista de La Urraca.
En esa sección que se convirtió en una de las más emblemáticas sacaba fotos una chica de voz y condiciones musicales, Hilda María del Pilar Lizarazu, quien también aportaba imágenes a El Porteño -otra revista ícono de aquella época- y Mutantia, una publicación no menos histórica a cargo de Miguel Grinberg.
Otro empleado que terminó en el rock fue uno de los cadetes, Gastón "Francés" Bernardou, hoy percusionista de Los Auténticos Decadentes.
Pero el punto más alto de la relación fue el festival que la revista organizó junto a los dueños de La Trastienda el 7, 8 y 9 de agosto de 1981 en el estadio Obras para contrarrestar la visita de Frank Sinatra al Luna Park, traído por Palito Ortega.
Al escenario subieron artistas que estaban prohibidos o eran desconocidos: Rubén Rada, Dino Saluzzi, Jaime Torres, Víctor Heredia, Luis Alberto Spinetta, Rodolfo Mederos, Manal, Facundo Cabral, Antonio Tarragó Ros, Litto Nebbia y Bernardo Baraj. También "un rosarino de jardinero y gorra", Juan Carlos Baglietto, junto a Fito Páez, Rubén Goldín y Silvina Garré. Todos ellos comenzaban a tocar en Buenos Aires como la Trova Rosarina y tuvieron esa noche el debut en el llamado Templo del rock. El maestro de ceremonias fue un colaborador habitual de la revista, Miguel Angel Merellano.
Los shows tenían entradas muy populares y resultaron un éxito. Tanto que al día de hoy Ortega lo sigo usando como uno de los argumentos para el fracaso rotundo del concierto de Sinatra, además de la devaluación de la moneda argentina, claro. Ya en los 90, Cascioli consiguió la licencia de la revista Rolling Stone para editarla en la Argentina y puso al frente del proyecto a Guerrero y Fernando Sánchez, años después uno de los fundadores de la revista Barcelona.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Portal

La noticia me llegó ayer por correo electrónico. "Falleció Ricardo Miguel Portal, uno de los fundaores de Humor" (sic), era el asunto. El texto del mensaje precisaba que el fallecimiento había sido el miércoles, a punto de cumplir 87 años; abundaba en describirlo como "editor prolifero y socio fundador" de Humor y Satiricón y que se había formado como editor con Dante Quinterno, creador de Patoruzú, con quien trabajó 27 años "hasta formar su propia editorial hacia fines de los '60".
La gacetilla también recordaba que El Huinca y Fabian Leyes, de Enrique Rapela, con algunas tapas ilustradas por Guillermo Roux (sí, el artista plástico), fueron las primeras publicaciones a las que se habían sumado Cuarta Dimensión, de Fabio Zerpa y "grandes historietas" como El conventillo de don Nicola de Torino, Las aventuras del capitán Piluso y La voz del rioba de los personajes televisivos de los hermanos Sofovich y Jaimito, entre otras.
Agregaba que en 1972 lo habían convocado los (hermanos) Blotta para fundar Editores Asociados, que público Satiricón, entre otros títulos. "Tras el cierre (clausura, en rigor) de la publicación, luego de unos años, como Presidente y Director Comercial fundó junto a Andrés Cascioli La Urraca, editorial que lanzó para junio del '78 Humor, "publicación que se convertiría, a partir de un humor brillante y critico, en una voz de resistencia durante la dictadura militar. "Sus restos descansan en el Jardín de Paz", finalizaba.
La primera vez que escuché el apellido de Portal venía con otro: Alpellani. Tarde en descubrir que no era como Thompson y Williams o López y Planes. Portal era Ricardo y Alpellani, Rubén.
Portal era el hombre de las finanzas y algunos lo conocían como el contador; Alpellani era odontólogo.
Nunca había escuchado de ellos pese a ser un conocedor medio de las publicaciones de La Urraca. Pero era por ignorancia. Ellos, en efecto, conocieron a Cascioli y los Blotta en los 70. Ambos tenían un sólido conocimiento de las imprentas y la industria gráfica, hasta entonces un terreno desconocido para los creadores de Satiricón.
En Editores Asociados, Portal era gerente administrativo y Alpellani, comercial. Pero además ambos tenían la editorial Cielosur, que en efecto ya tenía un amplio stock de publicaciones lanzadas.
Cuando la censura y clausura del gobierno de Estela Martínez de Perón cayó sobre Satiricón (1974), la sociedad Cascioli & Blotta se rompió y Portal & Alpellani quedaron del lado del Tano, con quien editaron primero Chaupinela (1975), también cerrada por la gestión justicialista; y la revista Rocksuperstar, en el primer año de la dictadura militar. Para Chaupinela fue que se creó Ediciones de la Urraca.
En 1978 llegaría Humor. El rol de Portal & Alpellani era aportar dinero para las publicaciones y administrar, no mucho más. Las cuestiones gráficas y editoriales eran siempre responsabilidad de Cascioli y el equipo que lideraba junto a Tomás Sanz. La sociedad se rompió en la década de los 80 por cuestiones nunca del todo claras, pero sin que terminaran en Tribunales. En la década del 90, Portal le "robó" algunas figuras a Humor para editar La Murga, una publicación de paso fugaz por los kioscos.
Intenté entrevistarlo el año pasado para el libro sobre la historia de la revista Humor pero me avisaron que estaba muy enfermo y anciano. Había visto su cara en alguna edición de Humor, pero recién al finalizar la investigación dí con la imagen que ilustra este posteo.
La agencia de noticias Télam publicó ayer un despacho, cuya fuente es Fernando, uno de los tres hijos de Portal. En los avisos fúnebres de hoy de La Nación lo recuerdan la esposa Filomena Eleonor Guido; sus hijos Ricardo, Silvina y Fernando, sus nieta Lucía y sus cuñados Nélida, Mirto y Humberto; un consorcio de propietarios de Palermo y Matilde Argüeso e hijos.
En esta imagen casera (gentileza de Nora Bonis, viuda de Cascioli), Portal es el primero desde la derecha en una sobremesa compartida por –de izquierda a derecha– Héctor Aure, Cascioli, Alpellani (parado), Carlos Rivas (sí, el director teatral) y Alejandro Vanelli (de anteojos detrás).

jueves, 29 de agosto de 2013

Tomás

Vos tenés que verlo a Tomás. El que debe saber eso es Tomasito. Eso seguro te lo puede contestar Tomás. Ahí el que manejaba todo era Tomás. ¿Ya hablaste con Tomás?
Tomás es Tomás Sanz.
Y Tomás Sanz fue, en efecto, una pieza clave del triunvirato que gestó y sostuvo a la revista Humor durante los casi 21 años que llegó a los kioscos.
Andrés Cascioli se ocupaba de las tapas, seleccionar chistes y dibujantes, descubrir talentos, conseguir fondos, ser el líder de la banda y darle la mirada final antes de la imprenta.
Tomás era el editor periodístico, que escribía y reescribía, el que lidiaba en el día a día con la redacción. El que también craneaba la sección Pelota y tiraba paredes con Walter Clos, aka José María Suárez.
Tomás fue el solista y el co director de esa orquesta sin partituras.
El tercero era Aquiles Fabregat, fallecido en noviembre de 2010, casi 17 meses después que Andrés Cascioli.
Tomás tiene la voz cascada por el tabaco. Escucha más de lo que habla. Y cuando lo hace utiliza un tono monocorde y sin estridencias, con lo justo y necesario y las pausas para elegir las palabras precisas o tal vez para que venga los recuerdos desde la memoria.
Nació en 1937 y en los albores de la década del 60 conoció a Cascioli en una agencia de publicidad. Trabajaron juntos y con intermitencias hasta 1996, cuando Tomás fue convocado por Ricardo Roa para sumarse al proyecto del diario Olé.
A la redacción de ese matutino deportivo sigue yendo, aun jubilado, aun con una operación de cadera que lo obliga a usar bastón y con un cansancio visible, pero del que no se queja. Todos allí saben quién es, aunque algunos hayan nacido cuando la revista Humor ya era un clásico pasado de moda. Y aporta el ingenio y la sabiduría de la que otros adolecen.
Tomas sí rezonga cuando le comento que todos me dicen que tengo que hablar con él. "Sí, qué vivos", acepta resignado en el segundo de los dos encuentros mañaneros que tuvimos y en los que en total insumieron unas siete horas en el departamento de tres ambientes del sexto piso de un edificio viejo del barrio porteño de Balvanera, a dos cuadras de un shopping venido a menos.
En el living hay un TV de 21 pulgadas, dos sillones de un cuerpo con funda blanca, una mesa redonda de algarrobo, un potus y una estantería con libros de Nick Hornby, Carlos Abrevaya, Jorge Valdano, Alfredo Di Stefano, Stefan Weig, un premio entregado por el intendente de Morón Martín Sabbatella y un dibujo de Menchi Sábat sin colgar. En la pared, un dibujo enmarcado de molinetes del subte. Lleva la firma de Tomás.
Por la ventana sin cortinas se cuelan bocinazos y de vez en cuando el ulular de una ambulancia que corta como una navaja los recuerdos deshilachados que Tomás despliega con muchos paréntesis entre tazas de café instantáneo sobre un mantel floreado de plástico.
No lo dirá él, claro, pero sí cualquiera que lo haya tenido como editor: es uno de los mejores. Buena persona, afable, leal, leído, culto y paciente, lo necesario para explicar cada corrección, para justificarla. Por eso hicieron un tándem perfecto, irrepetible con Fabregat, otro que sabía largo del idioma de Cervantes. Podían desplegar textos preciosos, como el del Romancero del Eustaquio, porque ambos también compartían la fibra para el humor fino e inteligente.
Pero lo que Tomás más disfruta no es escribir ni editar sino dibujar y aún hoy lo hace en unas hojas tipo oficio que guarda en una carpeta. En Satiricón, de hecho, empezó con el plumín. Pero allí también arrancó a hacer periodismo, empujado por sus pares. Y ambas cosas las desarrolló luego en El Ratón de Occidente, Chaupinela, Humor y en algunos de los productos de Ediciones de la Urraca.
"Soy un tipo de llevar pocas a cosas a cabo. Le doy muchas vueltas. Es que tengo muchas cosas en el balero", asume ahora con algo de resignación y nostalgia, otro trazo grueso para pintar a quien merecería un mayor reconocimiento.
En junio último, la revista Noticias y Editorial Perfil homenajearon a Humor y el diario Buenos Aires Herald, publicaciones emblema de la resistencia a la dictadura militar, y allí estuvo Tomás para recibir una placa, para honrar la memoria de su gran amigo Cascioli.
En Humor Tomás fue jefe de Redacción y en los 90 director, pero el cargo fue una treta para quitar del blanco a Cascioli de la andanada de juicios con la que el menemismo censuraba de manera bestial y sutil a la revista, que le valieron numerosas pérdidas económicas a él y a Cascioli.
Aún hoy Tomás carga con una condena judicial por reproducir una nota del semanario uruguayo Brecha en la que se denunciaban depósitos bancarios del ex senador Eduardo Menem en la otra orilla. El fallo lo dejó firme la actual Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Juan Sasturain lo describe mejor

(El dibujo de tapa de El Ratón de Occidente es de Tomás Sanz)
(Tomás, a la izquierda, y Aquiles)

martes, 27 de agosto de 2013

Mudanzas

A lo largo de 21 años, la redacción de la revista Humor tuvo varias direcciones. En el primer número aparece realizada en Avenida de Mayo 1324, oficinas de Cielosur, cuyos dueños eran socios de Andrés Cascioli. Pero en rigor el contenido se había hecho en Piedras 482, ochava con Venezuela. Allí ocuparon primero un departamento del cuarto piso y luego sumaron otro del quinto. Años más tarde la cosa quedó chica y se fueron a ocupar un edificio de cuatro pisos en Salta 258 (hoy un hotel) y al poco tiempo se instalaron en Venezuela 842. Ese inmueble había sido ocupado por la Escuela Panamericana de Arte, donde estudiaron Andrés Cascioli, Tomás Sanz y tantos otros. Una vez que Ediciones de la Urraca cayó en desgracia y el staff se achicaba, la redacción se mudó a un departamento ubicado sobre la librería de Bolívar y Alsina, pero en la revista figuraba como dirección de la redacción Gonçalvez Díaz 482, el depósito de la imprenta.